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Nueve de Julio
domingo, abril 6, 2025

Las nuevejulienses desaparecidas durante la dictadura. Para mantener activa la memoria

Cuatro jóvenes vinculadas con la sociedad de 9 de Julio fueron desaparecidas durante la dictadura cívico-militar de 1976-1983. Hubo, desde luego, otras víctimas nuevejulienses de ese obscuro período que, aunque no fueron asesinados, debieron sufrir la detención, la tortura o la persecución. En estas cuatro mujeres, al publicar ahora su breve noticia biográfica, rendimos homenaje a todos.

María Ester Infesta Canelli

María Ester Infesta Canelli nació en 9 de Julio, el 3 de octubre de 1949. Realizó sus estudios secundarios en el Magisterio Anexo a la Escuela Nacional de Comercio de esta ciudad, de donde egresó con el título de Maestra Normal.
En 1967, con diecisiete años, ingresó a la carrera de Arquitectura, de la cual llegó a cursar materias de 6to. año. En la FAU rindió un final por última vez en agosto de 1976.
María Ester era militante del Partido Comunista Marxista Leninista. Fue secues¬trada en su domicilio en el barrio de Almagro, en Capital Federal, el 25 de febrero de 1978, junto a sus compañeros Jorge Horacio Foulknes y Patricia Ayerbe. Fue vista por sobrevivientes en el CCD El Banco.

Zulma Raquel Matzkin

Nacida el 9 de junio de 1952 en Francisco Madero, provincia de Buenos Aires. Hija de Francisco Matzkin y Lia Gorer, fue la menor de tres hermanos, Susana, Juana y José Adolfo.
En 1956 la familia se instala en 9 de Julio. Zulma realiza sus estudios primarios en la Escuela N° 3 «Juan B. Alberdi», contingua a su casa y los secundarios en la Escuela Normal Nacional, donde egresa como Maestra Normal Nacional. Fue una brillante ejecutante del piano, para el cual se había frmado en el Instituto Santa Cecilia de la profesora Lidia Camero.
Desde 1970 estudiaba para la licenciatura en Ciencias Económicas en la Universidad Nacional del Sur (UNS). Estaba casada con Alejandro Mónaco.
Militante de la Juventud Universitaria Peronista (JUP), fue secuestrada el 18 de julio de 1976 y llevada al campo de concentración “La Escuelita” de Bahía Blanca. Luego fue asesinada en un falso enfrentamiento con tres compañeros más, ocurrido según la fábula de las fuerzas represivas, en esa misma ciudad, en calle Catriel 321, el 4 de septiembre de 1976.

María Mercedes Bogliolo («Mechi»)

Su nombre en el movimiento era “Josefina”. Nacida el 23 de abril de 1947 en Monte Quemado, departamento Pellegrini, provincia de Santiago del Estero.
Se crió en 9 de Julio y cursó sus estudios en esta ciudad. Era maestra y estudió Derecho.
Comenzó su militancia peronista en los “Descamisados” en zona Norte del Gran Buenos Aires. Luego, militó en la Unidad Básica “Combatientes Peronistas” en Munro, provincia de Buenos Aires. Montonera. Cónyugue de Alberto Eduardo Girondo.
El día 16 de junio de 1977, cerca de las 8 de la mañana, resultó gravemente herida, durante un operativo realizado por un grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) en su domicilio de Pasaje Owen sin número, Barracas, Capital Federal. La llevaron con vida a la ESMA, pero poco después falleció. Saquearon su casa y se robaron el título de propiedad de la misma. Sus hijos Marina y Lucio en un obituario aparecido en “Pagina 12” el 18 de junio de 1997, parafrasean a Joan Manuel Serrat para recordarla: “Buscaba una canción y me perdí en un montón de palabras gastadas. No hago otra cosa que pensar en ti…”.

María Ángela Elena Gassman (Mimí”)

María Ángela Elena Gassman de Crea (Mimí”), cuyo nombre de lucha fue “Mara”, había nacido en 1947. Oriunda de 9 de Julio, aquí vivió su familia y tuvo vínculos de amistad. Fue secuestrada-desaparecida el 30 de mayo de 1978.
Integrante de la Columna Oeste de Montoneros en la provincia de Buenos Aires.
Alberto Nadra, escritor, docente, hombre de izquierda que la conoció y frecuentó, en una semblanza que preparó para el historiador y sociólogo Roberto Baschetti, la recuerda así:

Peronista ella, comunista yo, nos vimos por última vez a principios de 1974, en una marcha de las Juventudes Políticas contra aquellas reformas represivas al Código Penal. Entonces, apenas cruzamos una mirada, un gesto de reconocimiento en medio de las corridas y los gases lacrimógenos descargados en la represión policial. Hoy una foto carnet, típica de los primeros DNI, publicada, y me devuelve, distorsionada, su imagen que acompaña una escueta información que puede leerse más arriba. Una y otra vez busco, relatos, fotos, cualquier testimonio que supere la frialdad de esos datos, algo que rescate su vitalidad y compromiso. No los encuentro, aunque logro un inesperado acercamiento virtual con su hermano Augusto, quien me revela su alias, ‘Mara’ Jefa de Subunidad del Ejército Montonero, apresada violentamente en la casa de Marta Caneda, entonces compañera de Augusto, y me estremece al relatar que el secuestro incluyó a la hija de Mimí, de apenas 4 años, que apareció a los dos meses en San Martín y hoy es médica como lo fue su madre. Luego para él y para mí, apenas la abrumadora certeza de su asesinato en el Centro Clandestino de Detención, que funcionó en la Unidad Penitenciaria N° 9 de La Plata. Se juntan piezas del tenebroso rompecabezas, pero me encuentro muy lejos de la imagen que guardo de ella en mi memoria, de aquellos años de amores y pasiones urgentes: una bella médica de 24 años, en un febrero de 1971 en el Chile de Salvador Allende. (…) Mimí –siempre para mí fue Mimí- no viajó con nosotros. Sino que se incorporó al grupo de la mano de ´Luba´, el inolvidable encargado de cuidar la seguridad de la brigada por parte de los camaradas chilenos. Pasamos unos pocos días en Santiago y el contingente que yo coordinaba se repartió en cinco ‘mini-brigadas’ que partieron a distintos puntos del país hermano. Con Mimí y dos socialistas nos incorporamos a una a cargo de ‘Lucho’, con quien viajamos a Gualleco, un pequeño pueblito en la Región de Maule (…) Única mujer en este grupo, la voluntad de ´la doctora´ dejo en el camino a varios en los trabajos de alfabetización o construcción y salió (literalmente) mucho mejor parada que yo del viaje que juntos realizamos a una localidad campesina perdida en los cerros, situada a un día de viaje a caballo. En medio de un ‘trilla a yegua suelta’ nos esperaban la desconfianza de los pobladores, entre los cuales el Partido Nacional –y la derecha de la Democracia Cristiana- había sembrado el terror pues, decían, que veníamos a ‘socializar tierras y propiedades’, incluidos (¡nada menos!) los animales. Allí Mimí se arremangó para separar la paja del grano de cereal. Juntos afrontamos un aluvión de todo tipo de guisos, carbonaras, pantrucas y caldillos, con sopaipillas a modo de pan, y en la fiesta de cierre, que también fue de despedida, fue ella la que salvó el honor argentino al animarse a la cueca, pañuelo en mano. Fue la gracia y la sonrisa de esta bonaerense de 9 de Julio, la que despejó el camino, enterró sospechas, abrió oídos –y corazones- a nuestro trabajo…

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